La justicia como arma política | Relato de una víctima

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No hablemos más de pruebas inventadas o de violaciones al debido proceso en los distintos casos mediáticos. No los quiero aburrir con interminables líneas que justifiquen la inocencia o al menos la presunción de la misma; realmente en estos casos lo legal y lo justo no son variables a considerar.

Si los necesitan enjuiciar y proscribir, la sentencia siempre estará escrita, incluso antes de la primera “sospecha”. Si algún presentador “estrella” de noticias los nombra en exclusiva, en horario estelar, o aparecen en primera plana en uno de los pasquines; ya saben lo que viene.

Mejor, quiero explicarles el escenario de cómo montan el show. Siempre es idéntico, todos los casos comparten los mismos elementos, en el mismo orden (Balda, Sobornos, Mendoza, Hospitales, etcétera).

Primero van a coger a alguien preso. Necesitan un punto inicial. Si no tienen pruebas contra el susodicho, se las inventan; así de fácil. Ni siquiera importa si el apresado es cercano o no al realmente imputado.

Paso siguiente, lo guardan en una cárcel asquerosa unos 30 días, para darle una probadita y empezarlo a amenazar. Por esa razón Salcedo no ha ido a la cárcel 4, no obstante orden judicial, y está en el Inca.

Obviamente, cualquiera va a estar desesperado si te encierran sin la mínima legalidad. Así que le ofrecerán al preso la “confiable” cooperación eficaz. A cambio, buscarán que esta persona acuse a los “de arriba”. Le dicen que la diferencia es entre 10 años de cárcel versus 10 meses. El vejado, por supuesto, coopera.

Aquí viene la monstruosidad jurídica: sabemos que el testimonio del procesado no es prueba. Ni siquiera se lo toman con juramento, pero lo hacen valer como tal, incluso es la pieza clave, sino la única, para el resto del proceso.

La segunda ilegalidad es que la cooperación eficaz requiere confirmación con otras pruebas para que sea admitida. Sin embargo, se los repito, “la oportuna y objetiva justicia” la hará valer como “prueba suficiente y central” al testimonio de la persona presa, quien, al verse atrapado en un remolino, va a acusar a todo el mundo con tal de salir libre cuanto antes. No piensen que no; les funcionó en los casos Balda y Sobornos.

Ojo, tampoco es “verificación” los archivos del propio procesado que “canta”, ni tampoco un cuaderno que escriba el preso 5 años después de los dizques cohechos.  En el caso Balda, la “confirmación” es una grabación del propio cooperador.

Para complementar, siempre saldrá un exasesor de alguien a decir que entregó un sobre cerrado y  que desconocía el contenido, pero todos repetirán que ahí está la prueba. O que $6.000 de un fondo de ayuda humanitaria, era la razón madre para que un expresidente se encargue de influenciar e irradiar psíquicamente a su gabinete. Así se arman todos estos casos, sin mayor complejidad y sin más pruebas que las que acabo de mencionar, porque no las necesitan.

Siempre están tan huérfanos de contrastes, que a un contratista desesperado (Pedro Verduga) lo “convencen” de declarar en su testimonio, que había dado un millón de dólares a Walter Solís, y que una persona le manda a decir que otra le dijo que ésta le contó (parece broma) que un tal Walter Solís dijo que la plata era para Mera, Duarte, Correa y Glas. ¡Linda delación!

Claro, para todo show y mamotreto armado necesitas producción. El dinero lo pondrán los grandes grupos económicos que tendrán que invertir para luego recuperar lo que "perdieron" durante 10 años apartados del poder.

¿Cómo?, “ganando” las elecciones. Ese es el final inalcanzable que se juegan estas personas, así que no pierden el tiempo y realizan el casting. Terminan contratando (comprando) un reparto que a su vez sepa repartir. Generalmente políticos sin ideologías o convicciones, mediocres y manipulables.

Recuerden que, para utilidad de todo este show y eliminar al opositor, el que revisa y califica a la persona a destruir; la que maneja la policía y aprehende; la que arma el caso y presenta las pruebas; y quienes tienen que simplemente leer la sentencia, están bajo el mismo guión y libreto. Odio, codicia y venganza.

Pero bueno, Ya Chicaiza, en el caso Balda, reconoció públicamente todo este procedimiento. Pamelita ya contó la verdad de su cuaderno. El resto quedará para las Cortes internacionales, aunque el show ya fue grabado y el daño hecho.

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